La divertida y extrovertida personalidad de Joan Rivers, quien fallecía el jueves a los 81 años, llegaba hasta el punto de que la propia presentadora planeó exhaustivamente su funeral para que su única hija, Melissa (46), cumpliera todos sus deseos. En un extracto de su libro 'I Hate Everyone... Starting with Me', Joan llevó a cabo el diseño del pomposo acto en el que quería que se convirtieran sus exequias, incluyendo la presencia de una inconsolable Meryl Streep y una auténtica lucha de medios de comunicación.
"Cuando muera (y, sí, Melissa, ese día llegará. Y, sí, Melissa, está todo a tu nombre), quiero que mi funeral sea un gigantesco espectáculo con luces, cámaras, acción... Quiero un catering, quiero fotógrafos y ¡quiero medios peleándose y montando un número! Quiero que sea lo más 'Hollywood' posible. No quiero ningún rabino divagando. Quiero a Meryl Streep llorando, en cinco acentos diferentes. No quiero un panegírico. Quiero que Bobby Vinton levante mi cabeza y cante 'Mr. Lonely'", describía.
La presentadora, cuya pasión por estar radiante y lucir sus mejores galas siempre fue más que evidente, deseaba asistir a su funeral con una apariencia aún mejor que la que tenía en vida y ser enterrada enfundada en un traje firmado por Valentino.
"Quiero estar impresionante, mejor que en vida. Quiero que me entierren con un vestido de noche de Valentino y quiero que Harry Winston haga un epitafio. Y quiero que haya un ventilador para que mi pelo se mueva dentro del ataúd como el de Beyoncé", apuntaba.
Aunque aún no se conoce si cumplirá todos los requisitos de la presentadora, lo cierto es que Melissa Rivers tuvo la oportunidad de estar junto a su afamada madre hasta el último momento.









