- Tu madre y padre, de la mano del señor, velan por ti, Jorge y Miguel.
os de las virtudes con las que Dios regaló a la pintora Olguita Sinclair son sensibilidad y un gran amor, incondicional, hacia sus progenitores. Hoy le toca enfrentar otra vez momentos difíciles, con el fallecimiento de su madre, Olga Ávila de Sinclair, el día de ayer, tan solo nueve días después de que Olguita y sus hermanos le dijeron ¡hasta luego! o ¡hasta siempre! a su padre, el maestro Alfredo Sinclair Ballesteros, cuyo nombre llevará como homenaje póstumo, por decisión del Inac, la Ciudad de las Artes.
Por el dolor que la embarga ante tan irreparable pérdida, veremos otra vez derramar lágrimas a Olguita, como lo ha hecho henchida de emoción cuando ora a Dios y cuando escucha música clásica (como en la foto que acompaña este escrito), en el preámbulo de los talleres de pintura que dicta, el último de los cuales le valió a Panamá, a ella y los participantes un récord en el Libro de Récords Guinnes, el 18 de enero de este año. Pero sabemos que la amiga y compañera de colegio no se derrumbará, y en medio de la tristeza que la embarga por la separación temporal de sus seres queridos, acepta los designios del Padre Supremo y, conocedora de la inmensurable bondad de Él, entiende que no hay mejor lugar para los seres que uno ama que junto a Dios que alivia todo dolor, llena todo vacío y es todo amor y luz.
Él enjugará tus lágrimas, Olguita. Él y Jesús están contigo, con Jorge, Miguel y demás familiares tuyos.









