- Guido, que es como Laura quiso llamar a su hijo, tiene 36 años y es músico.
Tras dedicar casi la mitad de su vida a la búsqueda de los niños robados durante la última dictadura militar, la fundadora y presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto, de 83 años de edad, podrá por fin estrechar a su nieto Guido, sustraído a su madre prisionera poco después de nacer durante el régimen.
Abuelas de Plaza de Mayo busca desde 1977 a los niños nacidos en cautiverio y robados a sus padres detenidos ilegalmente durante el régimen de facto. Hasta ahora han recuperado a 114 nietos.
Incluso su nieto Guido la reconocía en la televisión. Y alguna vez le dijeron que se parecía mucho a los Carlotto, aunque él por aquel entonces no era Guido, ni tampoco era el nieto, sólo uno más en una familia de campo en la provincia de Buenos Aires.
Laura Carlotto (hija) -que militaba en la juventud universitaria peronista- fue detenida en noviembre de 1977 cuando estaba embarazada de pocas semanas junto con su compañero y padre del bebé. Él fue asesinado primero y ella en agosto de 1978, dos meses después de dar a luz a un varón.
Laura fue asesinada de un disparo en el cráneo y otro en el vientre para intentar borrar las huellas de su embarazo. Su cuerpo fue entregado a sus padres, algo muy inusual en la dictadura.
Gracias a la identificación de su nieto por análisis genéticos, De Carlotto también pudo saber quién fue el padre de su nieto, cuya verdadera identidad era desconocida pues durante la dictadura los disidentes usaban seudónimos por seguridad.
El padre de Guido fue identificado como Óscar Montoya, quien militaba en el grupo guerrillero Montoneros. La familia de Montoya dio tiempo atrás muestras de sangre que fueron cotejadas con el ADN del joven, confirmando así su identidad.
La hija de De Carlotto estuvo detenida en el centro clandestino de detención La Cacha, en las afueras de La Plata, 70 kilómetros al sur de Buenos Aires.
Según la justicia, en los centros clandestinos de detención y tortura donde eran alojadas las militantes políticas secuestradas funcionaban maternidades. Allí las embarazadas recibían un trato especial hasta dar a luz, pero rápidamente eran separadas de sus bebés. La mayoría de estas mujeres luego eran asesinadas y sus hijos entregados a familias afines al régimen.
A raíz de la muerte de su hija y el robo de su nieto De Carlotto pasó de ser una directora de escuela con poco interés en la política a una activista empeñada en encontrar a los niños que fueron botín de guerra de los represores.
De Carlotto señaló que su lucha no terminó con la aparición de Guido.









