- Banderas de Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador llenaron de color este espacio deportivo.
El papa Francisco pisó el Estadio Olímpico de Roma para participar en la Asamblea anual de la Renovación Carismática Católica (RCC), a cuyos integrantes exhortó a adorar a Dios, sin controlarlo.
El peligro de la renovación es la excesiva organización. La organización es buena, pero hay que dejar a Dios ser Dios para que dirija, guíe y oriente a cada persona en cada momento. Sois dispensadores de la gracia de Dios y no controladores. El fundamento de la renovación debe ser adorar a Dios, afirmó. Se trata de la primera vez que un pontífice acudía a una cumbre anual de este movimiento que surgió tras el Concilio Vaticano II y que habitualmente tiene lugar en Rímini, al norte de Italia. La RCC es un movimiento de la Iglesia católica que nació en un retiro de treinta estudiantes y varios profesores de la universidad de Duquesne, en Pensylvania (Estados Unidos) a principios de 1967 y se extendió con rapidez por ese país y por Latinoamérica.
Juan Pablo II lo definió en su momento como una manifestación elocuente de la vitalidad siempre joven de la Iglesia, una expresión vigorosa de lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias al final del segundo milenio. Considerada una de las respuestas laicas al Concilio Vaticano II (1962-1965), este movimiento católico tiene como ejemplo a las comunidades cristianas primitivas.
Bergoglio accedió al estadio al ritmo de Osana en el cielo, coreado por cerca de 52,000 fieles católicos procedentes de 52 países, según los organizadores de la trigésimo séptima asamblea.









