Sin más que algunos palos, un trasmallo y mucha valentía, jóvenes y viejos del pueblo de Ortega, en el occidente de Costa Rica, atrapan un enorme cocodrilo como parte de una tradición ancestral conocida como lagarteada.
Para la edición de este año, el lagarto, como le llaman en el pueblo, dio una dura batalla de varias horas hasta que los valientes lagarteros lograron atraparlo para luego mostrarlo en la plaza del pueblo, tanto a los habitantes del lugar como a los turistas que lo visitan para ver de cerca la hazaña.
La gente se puede ir contenta. Hace 25 o 30 años que no atrapamos uno de este tamaño. Lo importante es que se cumplió con los ciudadanos de Ortega de mantener viva nuestra tradición, dijo Álvaro Cascante, presidente de la Asociación de Desarrollo del pueblo y uno de los lagarteros más experimentados.
Y no es para menos. Tras horas de batalla en el intenso calor de más de 35 grados Celsius, una veintena de lagarteros capturó al cocodrilo de unos 4.5 metros de largo en el río Charco.
El trabajo comienza temprano en esta pequeña comunidad de Santa Cruz, provincia de Guanacaste, pero este año se extendió hasta casi el final de la tarde, ya que el cocodrilo logró escaparse cuatro veces cuando ya estaba rodeado.









