Afectada por los escándalos políticos que han deteriorado la confianza de los ciudadanos y expuesta al desgaste por acometer reformas de gran calado, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, afronta actualmente el momento más difícil de sus dos mandatos.
Esta situación, puesta de manifiesto en las encuestas que le otorgan un 31% de respaldo y un 61% de rechazo, se ha visto agravada por el malestar que ha causado la gestión de la crisis por los aludes e inundaciones en las regiones de Antofagasta y Atacama, que han causado 25 muertos, 101 desaparecidos y casi 30,000 damnificados.
No es la primera vez que Bachelet se enfrenta a una catástrofe de grandes dimensiones.
Cuando en febrero de 2010, a punto de acabar su primer gobierno, se produjo uno de los terremotos más destructivos que ha sacudido el país, la jefa de Estado fue criticada por la tardanza de las autoridades en reaccionar y la falta de recursos para hacer frente a la tragedia, que provocó 525 muertos, dos millones de damnificados y pérdidas materiales por valor de $30,000 millones.









