El pescador salvadoreño José Salvador Alvarenga, que dice haber pasado más de un año a la deriva, cumplió ayer una promesa que hizo a su compañero mexicano de infortunio, Ezequiel Córdova Ríos, antes de que muriera en medio del océano.
Y la promesa consistía en contarle a la madre, Rosalía Ríos, los últimos momentos de su hijo y las palabras que le dedicó antes de que pereciera en aguas del Pacífico, en una travesía que comenzó en México y terminó en las Islas Marshall, a 13,000 kilómetros de distancia.
Después de pasar cuatro meses juntos en la misma embarcación, su amigo pereció mientras los dos estaban a la deriva, y su cuerpo lo echó al mar tres días después de que muriera, según contó Alvarenga.
Le contó (a la madre de su compañero) que él se ponía a llorar frente a Ezequiel, hablándole, diciendo que no estaba muerto, que solo estaba dormido. Le tocó echarlo al agua finalmente, relató el abogado que acompaña al pescador, Benedicto Perea.









