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Los dos policías tiroteados la madrugada de ayer frente a la comisaría de la Policía de Ferguson (Misuri, EE.UU.) abandonaron el centro médico donde habían sido hospitalizados, mientras continúa la investigación y la búsqueda de los responsables.
Una portavoz del Gobierno local del Condado de San Luis explicó que no se teme por la vida de los agentes, que han recibido el tratamiento adecuado en el hospital Barnes-Jewish (San Luis) y ahora podrán volver a casa con sus familias.
San Luis es el condado al que pertenece Ferguson, la ciudad donde en agosto pasado murió el joven negro Michael Brown a manos de un policía blanco, en un suceso que desencadenó una ola de disturbios raciales en todo el país.









