Una de las cosas que llamó la atención de Kostic durante el estudio de las especies bacterianas fue que el organismo de la Veillonella.
Foto ilustrativa de un grupo de atletas.
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Londres/EFE -
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Lunes 24 de junio de 2019 12:30 PM

Una bacteria del género Veillonella hallada en el microbioma de los deportistas de élite contribuiría a mejorar la capacidad de ejercicio, reveló hoy un estudio publicado por la revista Nature Medicine, en el que se subraya además que este tipo de germen no se encuentra en las personas sedentarias.


La publicación científica llevada a cabo por los investigadores del Centro de Diabetes Joslin (Boston, Estados Unidos) establece que la Veillonella metaboliza el ácido láctico producido por el ejercicio y lo convierte en propionato, un ácido graso de cadena corta o volátil, que el cuerpo humano utiliza para mejorar el rendimiento físico.


Los ácidos grasos de cadena corta, al igual que los de cadena mediana, son transportados directamente a la vena porta durante la digestión de las grasas, mientras que en el caso de los ácidos grasos de cadena larga, estos son almacenados dentro de los quilomicrones y llegan a la sangre por la vena subclavia.

 

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Los resultados del centro estadounidense ponen de manifiesto cómo las colonias de bacterias que residen en el intestino humano tienen un impacto poderoso en la salud y cómo la actividad física y un estilo de vida saludable ayudan a prevenir enfermedades como la diabetes tipo 2.


El estudio demuestra que, dado que muchas personas con trastornos metabólicos no pueden hacer ejercicio al nivel necesario para obtener unos beneficios concretos, complementar su microbioma con una cápsula de probióticos que contenga Veillonella podría darles el impulso que necesitan para realizar un entrenamiento efectivo.


"Lo que nos imaginamos es un suplemento probiótico que aumente la capacidad de las personas para hacer ejercicio y que, al mismo tiempo, los proteja contra enfermedades crónicas, tales como la diabetes", señala el coautor del artículo, Aleksandar D. Kostic.


El trabajo del Centro de Diabetes Joslin comenzó en 2015 tras recolectar, analizar y comparar las muestras fecales de corredores del maratón de Boston una semana antes de la carrera y una después, junto con las de otras personas sedentarias.


Una de las cosas que llamó la atención de Kostic durante el estudio de las especies bacterianas fue que el organismo de la Veillonella se enriqueció de forma considerable en los corredores inmediatamente después del maratón.

 

Se puede hacer la diferencia 


Más tarde, los investigadores corroboraron este vínculo por el cual se mejoraba la capacidad de ejercicio en ratones, en los que también vieron un aumento notable de su capacidad física después de añadirles la suplementación de Veillonella.


No obstante, cuando se centraron en los detalles, descubrieron que esta bacteria era relativamente única en el microbioma humano, ya que utilizaba lactato o ácido láctico como su única fuente de carbono.


Por eso, y partiendo de la idea de que la acumulación de lactato en los músculos creaba fatiga, los científicos concluyeron que la hipótesis principal era que el germen funcionaba como un sumidero metabólico para eliminar el lactato del sistema.


Sin embargo, tras diversas investigaciones, el equipo concluyó que esta afirmación sobre el cansancio no era verdadera, según destaca el artículo.


Por esta razón, Kostic y su equipo regresaron al laboratorio para averiguar qué podría estar causando el aumento del rendimiento físico en las personas y encontraron que las enzimas asociadas con la conversión de ácido láctico en propionato de ácido graso de cadena corta tenían una abundancia mucho mayor después del ejercicio.


"Entonces, la cuestión era que tal vez no se trataba de la eliminación del ácido láctico, sino de la generación de propionato", pensó Kostic.


Por ello, hicieron algunos experimentos para introducir propionato en ratones con el fin de comprobar si eso era suficiente para el incremento de la capacidad de carrera. Y lo fue.
Para los investigadores, estos hallazgos muestran una clara simbiosis entre los microbios y su huésped humano.

 

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"El anfitrión está produciendo algo que favorece a este microbio en particular y luego, a cambio, el microbio crea algo que beneficia al anfitrión", destacan en el estudio. 

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