En su día número 27 viviendo en un diminuto cuarto en una iglesia de Tucson conocida por ser pionera del movimiento para dar refugio a inmigrantes en la década de 1980, Rosa Robles Loreto barrió un patio, rezó con un grupo de parroquianos y recibió a su hijo, que volvía uniformado de su entrenamiento de béisbol.
Robles Loreto es una inmigrante de 41 años que no tiene permiso de residencia en EE.UU., y se enfrenta a una deportación después de que la policía la detuvo por una infracción de tráfico hace cuatro años.
Ella es la tercera inmigrante que se refugia en una iglesia de Arizona en lo que va de año, lo que ha reavivado un popular movimiento de la década de 1980 que pretendía ayudar a que inmigrantes centroamericanos que huían de guerras civiles pudieran quedarse en Estados Unidos permitiéndoles vivir dentro de iglesias, donde las autoridades migratorias no suelen arrestar gente.









