La ley de seguro médico del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, corre el riesgo de desmoronarse a causa de los errores de su administración y sus propias promesas desmedidas.
Para no correr esa suerte, Obama necesita progresos en tres frentes: los problemas de las cancelaciones de pólizas, fallas tecnológicas y una crisis de confianza entre sus propios partidarios.
A su favor están la demanda acumulada de beneficios del programa y un improbable colaborador, la industria de seguros.
Pero incluso una vez el portal de inscripciones esté funcionando perfectamente, van a aparecer controversias. Por ahora, los pronósticos están a favor de la supervivencia de la ley.









