- La atención al estado emocional de las víctimas fue nulo por parte del Gobierno.
Un año después del tifón Haiyan, los filipinos que fueron víctimas de una de las peores tormentas de la historia intentan volver a la normalidad, pero muchos aún arrastran un trauma psicológico del que se niegan a hablar.
Nadie quiere decir que está mal y todos insisten en que están bien, pero en el tfondo la cuestión es que no pueden expresarlo, dice a Efe Rey Lauzon, de 54 años, frente a las miles de cruces blancas colocadas recientemente en uno de los cementerios de Tacloban en memoria de unas 2,700 víctimas del tifón.
Los filipinos somos así, lo escondemos todo detrás de sonrisas y chistes, pero en realidad necesitamos ayuda para expresar nuestros sentimientos, añade Lauzon, que perdió su trabajo en un colegio tras la catástrofe.
Entre las endebles cruces de madera, donde los familiares de las víctimas escriben el nombre de los fallecidos con un simple rotulador, decenas de filipinos encienden velas y rezan por sus seres queridos con gesto afligido, pero muy pocos admiten estar pasando por un mal momento.
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 800,000 filipinos de las zonas afectadas por Haiyan han sufrido diferentes problemas mentales en este último año, de las que alrededor de 80,000 necesitarían tratamiento médico y apoyo psicológico. Sin embargo, el sistema de atención mental de Filipinas, un país de 100 millones de habitantes, es prácticamente inexistente, cuenta tan solo con 490 médicos especializados en psiquiatría.









