Ha pasado casi un mes desde que Diomar Pereira tuvo agua corriente por última vez en su casa de Itu, una ciudad dormitorio a las afueras de São Paulo que está en el centro de la peor sequía que azota el sureste de Brasil en más de ocho décadas.
Como otros en esta ciudad, cuyo nombre indígena significa gran cascada, Pereira tiene que arreglárselas para encontrar agua para beber, bañarse o cocinar. Hace unos días, condujo a un quiosco comunitario donde gente con botellas hacían fila para usar un grifo de agua.





