El aburrimiento, el cansancio y el hambre pueden provocar un bostezo; los investigadores especulan que esta conducta compartida es una forma de empatía que refuerza la unión del grupo.
Los humanos no son los únicos que bostezan, también los perros, monos y chimpancés al ver a una persona hacerlo, pero los niños con autismo, sin embargo, no responden al bostezo social y ese es primer indicador para los padres.





