Para nadie que me lea es un secreto que he sido un duro crítico de Canal 5. Para mí, esa pantalla con esa historia de ser la buena televisión, estaba en el fondo del abismo, pero como era el canal de la iglesia católica, era intocable, nadie lo criticaba.
No había que ser un gurú para darse cuenta que Canal 5 estaba, literalmente, en cuidados intensivos a punto de ser desconectado. Era como a un enfermo terminal. En mi caso como crítico, verlo era sufrir y no me cabía en la cabeza cómo sus directivos y ejecutivos parece disfrutaban esa agonía y lo dejaban morir lentamente.





