El martes me llevé tremenda sorpresa cuando conversaba con una colombiana de 16 años, en el Servicio Jesuita para el Apoyo a los Refugiados. Mantenía una plática amena con la joven colombiana y un cubano sobre los maravilloso que era Panamá y de los problemas que tenían Cuba y Colombia.
Entre la conversación, la colombiana dijo que Panamá era de Colombia y que los Estados Unidos se la habían comprado a su país cuando nos separamos en 1903. Al escuchar esto quedé petrificado, pues no podía creer lo que estaba escuchando. Al paso, mi compañera Odalis y yo le aclaramos que eso no era cierto, pues cuando nos independizamos de España el 28 de noviembre de 1821, nos unimos por voluntad propia a Nueva Granada, nación que integraba, junto a Ecuador y Venezuela, La Gran Colombia.
Y que al no resultar la unión con Nueva Granada, nos separamos el 3 de noviembre. Una vez le explicamos un poco de la historia de Panamá, la niña respondió que lo que ocurría es que en la escuela le habían enseñado que Panamá era de Colombia.
Agregó que por eso los colombianos crecen con ese pensamiento, ya que eso es lo que desde niños les enseñan en los planteles educativos.
Una vez aclarado todo puedo entender por qué algunos hermanos colombianos han pregonado que nuestro querido Istmo les pertenece.
Les cuento que están equivocados en su apreciación, pues la historia no miente, así que vayan sacándose esa idea de sus mentes.
No quiero pecar de chovinista (chauvinista), pero Panamá es de todos los panameños que la amamos.
Así que a partir de hoy, si escuchan en sus aulas a sus profesores decirles que Panamá es parte de Colombia sepan que les están enseñando algo que no es cierto.









