Por:
Elizabeth Muñoz de Lao -
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Domingo 31 de julio de 2011 08:19 PM

No todo en la vida sale como queremos. Uno se pasa el tiempo planeando, y cuando cree que todo va sobre ruedas... &162;zas! algo sale mal.

Hay quienes no paran de llover sobre mojado o, lo que es lo mismo, llorar sobre la leche derramada. &162;Qué lástima! Eso es una pérdida de tiempo y la persona se corre el riesgo de quedarse estancada, sin ánimos de avanzar.

Cuando hay un obstáculo sobre los rieles de la vida, lo último que debemos permitir es que el tren, que somos nosotros, se descarrile por completo.

Hay que maniobrar o, lo que es mejor, ver con luces largas para, de ser posible, anticiparnos y evitar ese obstáculo.

Sin embargo, es muy posible que choquemos y que uno de los vagones se voltee. Pero nadie, en su sano juicio, se metería debajo de ese vagón a ponerse a llorar. Todos los pasajeros tratarían de ponerse a salvo, de protegerse y de alejarse de ese vagón descarrilado.

Eso es lo que tenemos que hacer cuando algo no nos sale bien. Problemas y dolores de cabeza nos vamos a encontrar todo el tiempo, a veces más, a veces menos, pero siempre habrá.

Cuando esto sucede, es cuando salen a relucir nuestros arrestos, nuestra fuerza de voluntad, nuestra capacidad de lucha.

Nadie es capaz de echar el tiempo para atrás ni de deshacer lo hecho. Lo que sí podemos hacer es enfrentar los tiempos difíciles, hacer lo necesario para vencer el mal, el dolor, el desasosiego, las penurias, las tristezas, el desaliento, la culpa y la ira.

Eso solo se logra sacando a flote el corazón valiente que cada quien lleva consigo. Nadie es lo suficientemente débil como para no tener uno. Hay que echar mano de nuestro amor propio para vencer.

Cuando un problema ensombrece nuestra vida apacible, lo primero que hay que hacer es pensar en él como una carrera con obstáculos en la que hay que vencer. Saltar cada valla sin hacer daño al corredor que va al lado, es la única forma de ganar o, por lo menos, llegar a la meta. Cuando llegamos allí, lo hacemos fortalecidos por el ejercicio realizado. Esa es la mejor manera de vivir la vida: fortalecernos con cada prueba para enfrentar mejor la siguiente.

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