- Meses o más esperan por el encuentro.
- de Las reclusas no pide visitas conyugales.
- Hora de sexo es poco, pero satisface su necesidad.
- se suman a la larga lista de espera cada día.
Estar preso entre cuatro paredes es algo que nadie quiere enfrentar , y sobre todo porque en ese lapso, las necesidades fisiológicas son difíciles de satisfacer.
Pero hay una entre todas que es vital para los hombres durante toda su vida: las relaciones sexuales, ya que poder descargar el semen depositado en sus testículos los hace sentirse más libres dentro del encierro. Así lo certificó la sexóloga y terapeuta Alma Bruscos.
El problema para los privados de libertad, aseguró la especialista, es que en ese periodo de reclusión solo pueden practicar la masturbación y eso no les proporciona el placer completo. Es en ese momento en que el deseo sexual aumenta y muchos de ellos caen en el error de ver a sus compañeros de celda como un posible candidato para complacerse.
De igual forma, no tener sexo los vuelve más violentos e impacientes al no poder desahogarse, por lo que tener sexo dentro de las cárceles es una medicina perfecta y, si es por el lado legal, el panorama para ellos es positivo.
La mente del hombre trabaja más rápido que la de las mujeres en temas sexuales y por ello, en la espera de una visita conyugal, puede convertir al hombre durante el acto en un lobo hambiento de placer. Esto puede causar dos cosas: que tenga una eyaculación anticipada o que solo él sea el que goce, pero al final ese es el objetivo y la mujer debe estar clara en hacer gozar al marido. En cuanto a las privadas de libertad, la diferencia es que ellas solo quieren un rato de amor.
Por los efectos disocializadores de la cárcel, de despersonalización, las visitas adquieren una relevancia crucial para la persona que sufre el encierro, puesto que le permite mantener un vínculo con sus allegados y no perder la conexión con su núcleo de pertenencia", explicó por su parte, Angel Calderón, director del Sistema Penitenciario.
Actualmente en Panamá, los que reciben el permiso de visitas conyugales son los presos condenados, no así los que esperan sentencia, señaló.
En cuanto a los requisitos para poder tener la visita, lo primordial es que estén casados, pero se dan casos que demuestran que han estado unidos por más de cinco años y también se les permite mantener sus relaciones sexuales dentro del recinto.
El ciclo de visitas es de cada tres meses, pues la lista de espera es larga y la conducta y la situación física, tanto del convicto como de su pareja, deben ser óptimas.
El tema de las visitas conyugales en Panamá es nuevo y se inició con la mentalidad de eliminar la violencia.









