Querida Moza: No sé qué pensar de mi marido, de un tiempo para acá está muy cambiado. Te explico: yo lo conocí hace un par de años en una fiesta, hubo atracción desde el primer momento. Él siempre era como el alma de las fiestas, llegaba a un lugar y siempre quedaba conversando y haciendo chistes, eso sí, no era de tomar mucho. Yo, en cambio, soy más tranquila y no me gusta llamar mucho la atención cuando llego a un lugar. En los últimos meses, no se ha sentido bien, no tiene ánimo de salir como antes y su mirada se ve como perdida. Le he preguntado qué tiene y me respondió que no tiene ganas de seguir haciendo las mismas cosas. La verdad, hemos pasado tiempos difíciles, pero Dios siempre nos ha ayudado a salir adelante. Hace poco, perdimos a nuestro primer hijo, en un aborto espontáneo que tuve. Me acerqué mucho a Dios en esos momentos y siento que la Iglesia y el acercarme a Dios me han ayudado a salir adelante. Por su parte, pienso que para mi marido no ha sido igual. A raíz de esto, ya no tenemos tampoco tanta intimidad como antes. ¿Qué me aconsejas hacer, Moza?
Anita.
Anita, gracias por escribirme. Lamento mucho la pérdida de su hijo, entiendo que era el primero para ambos. Solo Dios sabe por qué pasan las cosas. Por lo que me dices, tu marido ha tomado mal la pérdida, te sugiero en este caso, que busque terapia matrimonial. Recuerda que cada ser humano es diferente, a ti te afectó, pero con la ayuda de la iglesia y de Dios en tu vida, has seguido adelante con tu pena. Tu marido, por su forma de ser, y por lo que me dices, no lo ha superado aún. Te recomiendo busques ayuda, a nivel espiritual y psicológica, con algún sacerdote amigo para que lo ayude a superar esta difícil prueba que la vida les ha puesto. Ten fe, amiga, sé que Dios te seguirá bendiciendo.









