- La latita era otro juego. el que la encontraba ganaba y luego le tocaba esconderla.
- Y el muy famoso yats, que jugaban las niñas en los 80 ya muy pocas lo juegan.
Jooo... qué ganas dan de llorar acordace de los juegos de antaño: la peguita, la rayuela, las cuatro esquinas, el escondío, la latita y el cocinaíto, ¡qué tiempos aquellos!
Muchos de estos juegos han desaparecío, y por culpa de las nuevas tecnologías ya naide, pero naide conversa en los portales, cuenta Lizandro Mencomo, docente de Cultura Musical de la Universidad Tecnológica de Azuero.
De su niñez él recuerda muchos de estos juegos: el pis y tirando el trompo en rueda, tratando de sacar la plata que colocaba la gente.
¿Cómo era el pis? Muchos se preguntan ¿qué pendejada será esa? Según Mencomo, era un pequeño trompo hecho de madera, lo colocaban encima de un palito y con la punta de una escoba lo bateaban, ¡había que saber cómo pegarle! y el que más lejos llegaba, ese era el que ganaba.
Mientras, en el trompo en rueda se reunían más de 10 muchachos a tirar el trompo, era un juego de niños y de niñas, y los adultos colocaban en el ruedo monedas y la idea era sacar la plata, porque era pal que lo sacaba. ¡Jo... qué gusto!
Otro de los recuerdos del profesor Mencomo son los cocinaítos, las niñas cocinaban de verdad arroz y huevos fritos, era una forma en que las madres les enseñaban a cocinar a las niñas desde temprana edad, mientras que los varones eran los que cargaban la leña para el cocinaíto.
A mí me tocó comerme varias de esas comidas, me recuerdo de una chicha de mamones que hasta que estaba chocolate, la condená, ji, ji, ji, relata Mencomo.
Otra que recuerda aquellos tiempos de juegos en la niñez es la educadora Romelia Bravo, quien imparte clases en el colegio de Atalaya en Veraguas, pero se crió en Los Chacones de Sabana Grande, provincia de Los Santos.
Entre esos recuerdos está las cuatro esquinas, en el que una persona se colocaba en el centro y las otras en las esquinas de los pilares.
Había que ponée el talón en la esquina del pilar, no se podía dejar un espacio, porque el del centro estaba pendiente de eso, se pasaba de un lado al otro, tratando de no ser atrapado por el que estaba en el centro, de lo contrario perdías y entonces tenías tú que pasá pal centro, relata Bravo.
Alejandro Delgado, de 30 años recuerda que su juego, era el de las canicas o bolas. El que quiñaba (chocaba) las bolas era el que ganaba joo había que tener un pulso cachimbón.









