@josemadamesv
La basílica de Atalaya amaneció ayer rodeada de peregrinos deseosos de saludar a su santo milagroso y escuchar la misa oficiada por el monseñor José Luis Lacunza, cardenal en Panamá.
Eladio Pineda llegó muy temprano desde la comunidad de San José de Cañazas, con la intención de agradecer, como lo hace todos los años, al Nazareno por un milagro que, según cuenta, le concedió desde que era joven. Desde hace 30 años él y su familia no dejan de ir a Atalaya, cada primer fin de semana de Cuaresma.
La mañana transcurría y todo un pueblo se manifestaba ansioso por ver al cardenal Lacunza con sus vestiduras rojas y pedirle la bendición. Los cantos de alabanza alegraban el ambiente y hacían olvidar por momentos el intenso calor que se sentía en el lugar.
Interminables eran las filas de devotos a ambos lados de la basílica, quienes esperaban horas para llegar a los pies del santo hasta tocarlo y besar los cíngulos mientras pedían un milagro, ofrecían una manda o daban gracias por un favor recibido.
Celinda Robles viajó desde Capira para cumplir con una manda al Nazareno, que consiste en caminar desde el cruce de Ocú hasta la iglesia y acompañar al santo en la procesión agarrando el cordón que lo rodea. Cuenta que un hijo fue sanado de asma.
Solidaridad
El primer fin de semana de Cuaresma, todos los caminos conducen a Atalaya, pronunció en medio de la homilía el cardenal Lacunza. haciendo un llamado a ser solidario con el prójimo, a no juzgarlo ni ser indiferentes.
Resaltó que hay que pensar más en la necesidad de los pobres y apoyarse como hermanos.
El cardenal manifestó que vivimos momentos en que todo se ha globalizado, incluso la indiferencia, pero falta globalizar la solidaridad entre el prójimo.
Señaló que todos somos hijos de Dios, por tanto, esto nos hace hermanos y los hermanos deben tratarse con amor.
Exhortó a los fieles a tener un encuentro con el Cristo vivo y aclaró que el que fue a Atalaya a ver a un cardenal perdió su tiempo porque lo verdaderamente importante es acercarse a Dios.









