- Un buen limpiabotas siempre tiene un tema que contar y debe estar al tanto de las noticias.
El lustrar zapatos es un oficio difícil, pero a través de él muchos hombres y mujeres han salido adelante, pudieron educar a sus hijos o estudiar una carrera universitaria. Han pasado los años y de lo poco que queda del Santiago de ayer están los limpiabotas de La Placita y sus alrededores.
Marino Fajardo todos los días, temprano en la mañana, sale a comprar su periódico para ponerse al tanto del acontecer nacional y local. Su sitio ideal para leerlo es debajo del palo de pera en La Placita San Juan de Dios de Santiago. En muchas ocasiones aprovecha para que los señores que allí trabajan le limpien sus calzados.
Uno de ellos es José Villar, quien comenzó en este trabajo en 1980 y con lo que gana allí sostiene a su familia y ha aprendido a ganarse la vida a punta de esfuerzo y sacrificio. Él heredó ese oficio de su padre, pues desde chico lo vio realizar esta humilde pero digna labor.
Desde las 6 de la mañana ya se halla José Villar debajo del palo de pera, en La Placita, esperando a su primer cliente. A los adultos les cobra un dólar y a los niños 75 centavos. Para él el trabajo de limpiabotas le ha rendido buenos frutos, porque siempre atiende entre 10 y 15 clientes por día. Algunos con buenos modales y otros que no tanto, dice.
Otro de los limpiabotas que es muy conocido en Santiago es don Mauro Mojica. Con 52 años dedicados a sacar brillo a los zapatos, se inició en esta faena cuando solo tenía 6 años de edad. Cuenta Mauro que este oficio le ha ayudado a sobrellevar la diabetes.
Mojica manifiesta que cuando empezó a lustrar zapatos, en 1960, en Santiago había un grupo como de 60 limpiabotas, entre niños, jóvenes y unos pocos adultos; cobraba solo 5 centavos. Desde ese tiempo ha visto crecer a la ciudad de Santiago y ahora cobra 1 dólar.









