Nunca saldrán, van a ser condenados, estas palabras atormentaban y afectaban el estado emocional y físico de Carlos Zurita, de 17 años, durante los 100 días que estuvo en el centro de reclusión Arco Iris, ubicado en Tocumen.
Zurita, que antes pesaba 140 libras y ahora está en 130, dijo que así eran abucheados por jóvenes detenidos, quienes estaban por casos de robo, hurtos y otros.
Su mayor fuerza dentro de esas cuatro paredes fue su mamá, Madrid Córdoba, quien lo acompañó en todo momento.
Manifestó que desea ser abogado, pues piensa que a veces la justicia no es justa.
Él, junto a su dos hermanos menores y su mamá, rezaron en la basílica Don Bosco para pedir por cinco estudiantes del Instituto Nacional que aún no han sido liberados.









