Los postres o meriendas están presentes en todas las calles de la ciudad de Panamá, a la espera de que alguien desvíe la mirada hacia ellos y se sienta atraído por estos manjares; algunos caen, y antes o después de almorzar los compran.
Y es que a la hora de buscar el sustento, el panameño no pierde el tiempo, han evolucionado de las ventas de vegetales y verduras a los postres y dulces preparados en casa y ofertados en cubos y "cooler", en las vías más frecuentadas como: Calidonia, 5 de Mayo y en casi todas las zonas del metro de Panamá. A ellos se les suma gran cantidad de extranjeros que llegan al país buscando una mejor calidad de vida.
Lo que más se encuentra son las pesadas de nance, todas ya preparadas hasta con el clásico queso blanco encima; le siguen las ensaladas de frutas que traen leche condensada. Las dos varían de precio entre $1.50 y $2.00, dependiendo del tamaño.
Pero también están los "churros", que son más vendidos en los tranques y dentro de los buses; estos dulces son foráneos, pero han llegado para quedarse.
Al panameño de a pie parece no importarle la salubridad de estos productos y hasta fila hace para comprarlos; hay clientes fijos que piden hasta tres vasos para llevar a casa.
día a día conoció que en Panamá también hay casas donde hacen pan para vender, al igual que páginas en redes sociales que ofrecen productos de repostería comestibles, sin ningún tipo de regulación.
Sobre este tipo de venta, el doctor Aurelio Rangel, de la Dirección Regional Metropolitana de Salud, advirtió que es un peligro, ya que causan intoxicaciones alimentarias que pueden resultar en vómitos, diarrea y hasta la muerte.
Solo en Juan Díaz este año la regional detectó panaderías clandestinas vendiendo estos alimentos, entre otros productos de dudosa procedencia.
Anarella Jaén, directora del Departamento de Protección de Alimentos del Minsa, ha comentado que las personas compran sin saber de dónde salió el producto y no solo se ve en dulces y demás, sino también en tortillas y otros productos.
La primera barrera contra la salud es el propio comprador, por eso el Minsa exhorta a no consumir un producto sin etiqueta, ni vendido a la intemperie, pues muchos necesitan refrigeración y la inclemencia del tiempo los daña.
Los compran porque dicen que tienen buen sabor, color y olor, y que comprarían de nuevo, porque en todos lados hay cochinadas.









