Mimi vive con el virus y él no. Ella tiene un amor que la ayuda a romper barreras .
Es una enfermedad que se puede controlar. Foto: Epasa
Es una enfermedad que se puede controlar. Foto: Epasa
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Jueves 22 de noviembre de 2018 06:45 AM

“El amor es un sentimiento inexplicable que nos hace amar y aceptar lo que nunca creístes que sucedería”. 

 

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Con esta frase se identifica Mimi, como la llamaremos,  a esta mujer de 29 años,  quien contrajo  VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) hace cinco años;  incluso, con el paso del tiempo un hombre  la aceptó tal cual. 

 

Pensó morir

 

Lo primero que Mimi pensó fue en el suicidio, pues imaginó que no quería seguir viviendo con semejante condición de salud, pero Dios le envió a Sammuel.

Era un domingo por la tarde y Mimi se acerca con su novio, de 36 años, a una fiesta de amigos en común. El día estaba nublado. Nada iba arruinar su salida, tenía rato de no ver a esas viejas amistades por sentir vergüenza de esta condición. 

El reloj marcaba las 6: 00 p.m. y se aproximan a la vivienda, saludan y se sientan. Los presentes la miran y ella para romper el hielo se ríe y dice. “Estoy viva, todavía no he muerto”. Risas a medias y   muchos abrazos vinieron después.

 

El insulto del vaso de agua

 

Sin embargo, no siempre todo es color de rosa. Uno de los comentarios de una persona, después que ella pidiera un vaso de agua, se escuchó sin querer:   “Dale en vaso desechable”.  No obstante, también su acompañante escuchó y respondió: “Que sean dos”.

Mimi recuerda que esa escena fue incómoda para Sammuel, pero ella lo aceptó, pues piensa que en la actualidad hay mucho desconocimiento de esta condición, por ejemplo, cómo se transmite, pero nada iba empañar lo agradecida que estaba con la vida de tener una persona que la quisiera, así como ella dice: “Tal cual”.

 

Historia

 

¿Qué pasó? ¿Cómo lo adquirió? Es lo que muchos se preguntan, revela la joven de sonrisa impecable y rostro tierno.

A los 21 años salía de un laboratorio, la mirada  de las personas en ese momento bastó para saber que la prueba decía positiva. “Me voy a morir”, pensó.

A esa edad tenía un novio. Era de esas relaciones que te marcan, algunas son buenas y otras dañinas. Esta última fue la mía, recordó.

Mi novio en ese momento era un joven promiscuo, a pesar de que yo sabía que me engañaba, acepté  tener sexo sin preservativo. “Pensaba que si no lo hacía, me dejaría”, reconoció con lágrimas a medio salir.

Lo más probable es que la transmisión se haya producido después de los tres años, pero esta condición de salud comenzó a desarrollarse un año después, cuando los primeros síntomas se confundieron con una neumonía.

 

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En el transcurso de su aceptación y lidiar con esta condición de salud conoció a Sammuel cuando estaba sentada en unas de las sillas del Hospital Santo Tomás, a la espera de atención.

Él era amigo de su amiga, quien la acompañaba ese momento y, entre risas y chistes malos,  ella pudo cautivarlo.

A pesar de su estado de salud, el corazón de Sammuel, quien la ha ayudado a sobrellevar esta triste realidad, latía fuerte por Mimi.

Para ella, el mayor reto es retomar nuevamente su  vida, reiniciar de cero y comenzar, dijo mientras apretaba la mano de su amado.

Orlando Quintero, director de Fundación Pro Bienestar y Dignidad de las Personas Afectadas por el VIH/SIDA, acotó que una persona con VIH puede tener una pareja y vivir plenamente con ella en todos los aspectos con los cuidados adecuados.

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