Desde el 2012, la Avenida de los Mártires, antes conocida como la 4 de Julio, no ha sido la misma, esto luego de que los buses que traían a cientos de panameños a la ciudad a trabajar ya no circulan por el lugar; a pesar de eso, los puestos de buhonería florecen y muchos la siguen frecuentando.
Con su sonido particular, desde horas de la madrugada, los busitos van llegando a dejar pasajeros en ese sitio, además de los panameños que con sus carros se prestan para la piratería y así ganar algo extra para la gasolina.
Los pasajeros que allí se bajan no se pueden resistir al olor que emana de las empanadas fritas y el café de los negocios apostados en los muros del Instituto Nacional IN, por eso compran y siguen su camino; un poco más abajo, antes de doblar la vereda, los espera la selección de periódicos con las noticias del día.
Con un desayuno barato y leyendo las noticias, los espera una larga fila de taxis, en esa esquina pueden escoger entre las rutas de Transístmica, Tumba Muerto o Vía España, entre otras, eso siempre que el taxi esté lleno de pasajeros; de $1.50 no pasa el pasaje.
En medio del juegavivo, uno que otro transportista de rutas que no deben pasar por el lugar lo hace, pero como no afectan a nadie, siguen su curso.
Los puentes elevados del lugar son otra historia, estos ahora se prestan para la prostitución en vez de ser utilizados por los peatones.
Las ventas no son tan buenas como antes, pero se puede seguir viviendo; creo que con la piratería, muchos prefieren bajarse aquí y ahorrarse el tramo hasta la terminal.
Para los años 40, 50, 60 y principios de los 70, la vida económica del país giraba en torno a esa área cercana a la Avenida Central.









