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Una zona del valle del río Puyango, en el suroeste de Ecuador, alberga una gran colección de árboles petrificados al aire libre, troncos que hace más de 100 millones de años se volvieron de granito por efecto de cataclismos.
Situado en la frontera entre las provincias andina de Loja y costera de El Oro, el bosque petrificado del Puyango no solo invita a recorrerlo para observar los troncos de piedra que yacen en su suelo, sino para disfrutar de su fauna, flora y la rica gastronomía que se ofrece en los alrededores.
A una hora en autobús desde el aeropuerto de Santa Rosa, en El Oro, el Puyango es uno de los nuevos destinos turísticos que promociona el ministerio del ramo a través de su programa Viaja primero Ecuador, una estrategia que pretende posicionar nuevos atractivos en el país.
Declarado como patrimonio natural y cultural de Ecuador, el bosque del Puyango alberga una superficie de 2,659 hectáreas de un bosque seco subtropical situado a entre 300 y 500 metros de altura sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 22° C.
La existencia de árboles petrificados se descubrió en 1971 y se han encontrado fósiles de entre 65 y 120 millones años, que corresponden al periodo cretácico, según señala Miriam Córdoba, una guía de la reserva oriunda de ese mismo sector.
Pese a ser un gran yacimiento de fósiles, los estudios solo se han efectuado en la superficie para tratar de proteger el maravilloso entorno de la región, donde se forman cascadas y remansos que, ante el agobiante calor del mediodía, invitan a tomar un chapuzón en sus templadas aguas. Los pobladores aseguran que tomar un baño en las cristalinas aguas de los arroyos es un agasajo para la salud.









