La policía de Río tiene 800 agentes patrullando las playas durante los fines de semana.
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Bianca D'Aquino acomoda la sombrilla y se instala en su silla, enterrando en la arena los dedos de sus pies cuidadosamente pintados.
La muchacha de 19 años solía viajar horas hasta la playa de Ipanema, pero una ola de asaltos perpetrados por bandas de jóvenes han hecho que se conforme con tomar el sol y bañarse más cerca de su casa, en una playa artificial construida en la Bahía de Guanabara, que está llena de basura y cuyas aguas están contaminadas.
D'Aquino es una de tantas personas que buscan otras playas para escapar de los asaltos colectivos conocidos como arrastoes, en los que una banda de jóvenes corre por playas atestadas de bañistas, sembrando el pánico y arrasando con teléfonos celulares, collares y otros objetos de valor mientras la gente busca refugio.









