Dígale sí a Francisco, dígale sí a Pancho es la leyenda bajo la que voluntarios católicos regentan, con fines solidarios, un puesto callejero de panchos, nombre con los que se conoce en Argentina a los hot dogs y el apodo que también reciben todas las personas llamadas como el papa.
Nosotros entendemos que este es un papa cercano y fuera de lo común. Lo llamamos cariñosamente Pancho, porque todos los Franciscos son Panchos acá en Argentina, explicó Juan Carlos Dasseville, que todos los días trabaja en el puesto ubicado en pleno centro de Buenos Aires.
Este voluntario, que se dedica profesionalmente a la exportación e importación de productos eléctricos, contó que la idea surgió durante la sobremesa de un asado entre amigos, voluntarios de la iglesia Santa Catalina de Siena de la capital argentina. Vestido con el típico delantal y gorro blanco de todo panchero, aseguró que venden entre 150 y 160 panchos por día a un precio de 10 pesos cada uno, muy por debajo del valor de mercado, y que todo lo recaudado se destina a Cáritas o al convento Santa Catalina. "Son los mejores panchos de la zona", afirmó un hombre que transita a diario por la principal zona comercial de Buenos Aires.









