Las escuelas secundarias del país están convertidas en este momento, en escenarios que hacen vibrar la esperanza de jóvenes y padres de familia que buscan en el futuro, los mejores horizontes para sus hijos.
Por ello, la Escuela Vocacional de Chapala (EVC), bajo la acertada dirección del padre Elvin Lantigua, graduó este año a 93 estudiantes. Esta cifra, aunque pareciera poca comparada con las que registran otros colegios, es la más numerosa en este plantel, que este año cumple 45 años de duro trabajo por la educación panameña.
Y es así porque los estudiantes de Chapala llegaron al centro por actuar diferente al común de los jóvenes de la misma edad.
Cecilia Alvarado, madre de un graduando, resume en pocas palabras lo que para ella es y hace Chapala: Mi hijo no era un delincuente, pero pudo llegar a serlo. Su conducta e inclinación por la educación eran reprochables. Pero Dios me iluminó y puso en mi camino esta escuela que lo transformó, y hoy recibe su diploma que lo convierte en un artesano capaz, honesto y disciplinado, con todos los atributos que un tiempo atrás no poseía.
Como ella, padres y parientes de los otros 92 jóvenes que recibieron sus diplomas como electricistas, mecánicos automotriz, chapisteros, torneros, soldadores y ebanistas, dan gracias a Dios y a Chapala por tan grande conversión.
En la singular ceremonia, el ministro de Desarrollo Social, Alcibiades Vásquez, ponderó y reconoció el trabajo tesonero de la EVC, que catalogó como un ícono de la autogestión.









