El futuro de la seguridad alimentaria en Latinoamérica depende de una transición estructural que empodere a pequeños productores mejorando su rentabilidad económica, y esté dirigida hacia un sistema agrícola descarbonizado e inclusivo que cuente con el apoyo de Gobiernos y empresa privada.
Así lo afirmó a EFE el jefe del centro de coordinación de los sistemas alimentarios de la ONU, el griego Stefanos Fotiou, que analizó en una entrevista la urgencia de transformar los sistemas alimentarios en la región.
"No se trata solo de la producción agrícola, sino de toda la cadena de valor, desde la siembra del producto hasta su distribución. Actualmente se estima que la forma en que se organizan los sistemas alimentarios genera efectos externos ambientales, económicos y sociales muy negativos", detalló Fotiou desde Panamá.
El experto de la ONU viajó este mes a la capital panameña para asistir a la IV reunión de las Américas y el Caribe sobre la Transformación de los Sistemas Alimentarios, en la que los países latinoamericanos expusieron sus acciones para cambiar esos modelos.
¿Por qué son agresivos los sistemas alimentarios?
La estructura actual margina socialmente al pequeño agricultor, quien recibe apenas un 3 o 4% del precio de los productos básicos de la región como el maíz o el café, a lo que se suma la falta de propiedad de la tierra para mujeres y jóvenes, lo que, según Fotiou, destruye la autonomía rural y obliga al abandono del campo.
Se calcula que la producción de los sistemas y cadenas de valor alimentarias son responsables de aproximadamente un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, así como sus efectivos negativos tienen un costo de 11 billones de dólares, un 10 % del PIB global, según dijo el experto.
También, alerta Fotiou, tiene un impacto en la salud de la población, ya que el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados está disparando enfermedades como la obesidad: "Esto sucede porque la forma en que operan los sistemas alimentarios hoy en día genera numerosas efectos externos negativos para la salud".
Como ejemplo, en América Latina y el Caribe seguir una dieta "saludable" -aquella que contiene frutas y verduras- es costosa, y cada vez los precios son más elevados, según afirmó el experto de la ONU.
La manera en que se producen los sistemas alimentarios en la actualidad, además, tiene graves consecuencias negativas en el medio ambiente, tanto por la cantidad de energía que se invierte en ellos como por los pesticidas y fertilizantes, que a su vez exigen altas cantidades de agua, detalla Fotiou.
¿Cómo se transforman?
Para poder cambiar los sistemas alimenticios, Fotiou propone cuatro grandes pilares que pasan por soluciones particulares para cada país: las transición energética, empoderar a los agricultores e indígenas, la equidad de género y un modelo económico más justo para los productores.
"Los sistemas alimentarios podrían contribuir al desafío del cambio climático reduciendo la cantidad de energía que utilizan, haciendo así una agricultura más sostenible. Además, para la energía restante, es necesario utilizar energías sostenibles y renovables, en lugar de energía proveniente de combustibles fósiles", detalla.
Fotiou apuesta por "la autosuficiencia alimentaria nacional (...) con el uso de los alimentos como un bien económico que pueda generar ingresos adicionales para el país".
A ello se sumaría que tanto las poblaciones originarias como las mujeres de América Latina y el Caribe puedan apropiarse de la tierra que cultivan además de "empoderarlos" en la agricultura, y un mecanismo para motivar a los jóvenes a quedarse en el campo.
"Necesitamos crear una cultura diferente que les ofrezca recompensas a los jóvenes y los mantenga en los pueblos", detalló.
De igual manera, avanzar hacia un modelo económico más justo para que los pequeños agricultores obtengan más beneficios por medio de que "el sector privado, los bancos privados, den dinero a los agricultores y a las corporaciones agrícolas para promover la innovación", señaló Fotiou.
Sin embargo, enfatiza, esas propuestas deben ser aplicadas de manera específica en cada país, de la mano de los Gobiernos, la empresa privada y los diferentes actores sociales, que deben encontrar espacios para la toma de esas decisiones que transformen los sistemas alimentarios.









