En la iglesias del país, sus creyentes piden por la paz, pero en las calles les espera la triste realidad. ¿Hasta cuándo?
Un pueblo muy unido.
Un pueblo muy unido. Foto: Wilih Narváez
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Wilih Narváez -
Entrega Especial desde Nicaragua | @diaadiapa |
Jueves 25 de abril de 2019 12:00 AM

 

Fieles al gobierno de Daniel Ortega (presidente de Nicaragua hasta el 2021), en ocasiones, se reúnen en pequeños actos públicos y lanzan globos blancos en el aire. "Queremos la paz", corean.

Civiles han gritado esa consigna portando siete tipos de armas, entre ellas, fusiles AK 47, Dragunov, ametralladoras PKM, M16, Remington 700, Jericho 941 y Mossbergs 500, según análisis hechos por expertos.

Quienes las usaron fueron bautizados por el gobierno como "Caravanas de Paz". Para la población que se manifiesta contra Ortega y organismos internacionales, estos sujetos son paramilitares que se movilizan en camionetas Hilux.

Ellos junto a la Policía fueron los encargados de desmontar las barricadas o tranques que habían en todos los rincones del país. Carreteras, barrios, colonias... La mal llamada "limpieza" dejó decenas de muertos en el país.

 
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La gota que derramó el vaso

La revolución o rebelión cívica -como muchos le llaman-, empezó en Nicaragua un 18 de abril de 2018, por las reformas al Seguro Social.

Primero fueron reprimidas por simpatizantes sandinistas identificados con camisas del gobierno y otro grupo de sujetos en motocicletas portando armas, palos y hasta muletas con las que golpearon a jóvenes, ancianos y hubo periodistas que fueron despojados de sus cámaras y celulares.

Ortega insiste que se trata de un fallido intento de golpe de Estado.

 
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La reciente Semana Santa fue tensa en Nicaragua. Coincidió con los días 18 y 19 de abril, a un año de la crisis sociopolítica en el país. Nicaragua ya no es la misma. En las calles del país se observan policías por doquier de distintas especialidades y portando armas de grueso calibre.

Mientras en la iglesias del país, sus creyentes piden por la paz, en las calles les espera la triste realidad. ¿Hasta cuándo?
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