Aida González ha hecho patria. Hoy día recuerda cómo empezó su hazaña y en su rostro se percibe alegría.
Y no es para menos. Ella tomó la decisión de enseñarle a leer y a escribir a Alejandro Santos, de 36 años, pero su acción se duplicó. Con su objetivo ya trazado, descubrió que el cuñado y el sobrino de Alejandro eran iletrados. Y los sumó.
González era supervisora de producción en la empresa Arce Avícola, ubicada en Juan Díaz.





