Miles de jóvenes de todas partes del mundo han dicho presente en la Cinta Costera para formar parte de la historia.
Foto ilustrativa de los peregrinos en la Cinta Costera. Foto: Jesús Simmons.
Foto ilustrativa de los peregrinos en la Cinta Costera. Foto: Jesús Simmons.
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Martes 22 de enero de 2019 02:30 PM

La Cinta Costera fue escogida para albergar a los miles de peregrinos de todas partes del mundo y esta forma dar paso formal a la inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud. 

El área de la Cinta Costera  acoge el nombre  durante la actividad de Campo Santa María La Antigua. El lugar es uno de los dos espacios más grandes en Panamá, que se han habilitado para el encuentro con Dios.  

Las actividades programas de la JMJ culminan con  una ceremonia de despedida del Santo Padre en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, este domingo 27 de enero. 

La homilia en la misa de bienvenida a los peregrinos en el Campo Santa María la Antigua fue presidido por Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta. 

 

Queridos jóvenes peregrinos y pueblo de Dios:

Nuestro gozo es inmenso ante la presencia de todos ustedes. Panamá hoy los recibe con el corazón y los brazos abiertos. Gracias por aceptar el llamado de encontrarnos en este pequeño país, en el que la fe llegó de la mano de la Virgen María, bajo la advocación de Santa María la Antigua. Un país que ha hecho su mejor esfuerzo para que cada uno de ustedes tengan un encuentro con Jesucristo: Camino, Verdad y Vida.

Somos la primera Diócesis en Tierra Firme, y desde aquí se irradió el evangelio al resto del continente americano, siempre bajo el amparo de la Virgen María, la Madre. Ella siempre nos ha acompañado, por eso no es extraño que ese encuentro con Jesucristo en esta Jornada Mundial de la Juventud, sea María quien nos ha animado y nos seguirá animando para la celebración de este histórico evento, que viviremos todos unidos: los jóvenes del mundo.

Damos gracias a Dios, por ser la sede de la primera Jornada Mundial de la juventud donde María -“la estrella de la evangelización”- ha sido propuesta a ustedes como modelo de valentía y coraje, que estuvo disponible para cumplir con el proyecto de Dios, para el que le había elegido y cuya respuesta es el lema de este JMJ: “He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra”.

Gracias papa Francisco, por confiar y darnos la oportunidad de hacer una Jornada para la juventud de las periferias existenciales y geográficas. Anhelamos que sea un bálsamo para la difícil situación con la que conviven sin esperanzas muchos de ellos, especialmente la juventud indígena y afrodescendiente, la juventud que migra por la casi nula respuesta de sus países de origen, que los lanzan a cifrar sus esperanzas en otros países, exponiéndolos al narcotráfico, la trata humana, la delincuencia y tantos otros males sociales.

Para la Iglesia Católica, como para otras comunidades de fe en nuestro país, pero particularmente para en comunión del Secretariado del Episcopado de América Central, que comprenden todos los obispos de la región, ustedes son muy importantes. Por ustedes toda una maquinaria humana se organizó para hacer posible que puedan tener las condiciones mínimas necesarias para que vivan su peregrinación en este pequeño país.

Ustedes queridos peregrinos de distintos países de nuestro planeta tierra, encontrarán en Panamá un pedacito del mundo entero. Nuestra historia de servicio, de ser punto de encuentro, de unidad en la diversidad, sin distinción de credo, raza, edad, sexo, nos convierten en una nación bendecida.

Gracias a su presencia este país es desde ahora la capital de la juventud del mundo, en el que con el cálido calor humano, y también del clima para esta época, crean las condiciones propicias para que puedan convivir entre sus pares compartiendo sueños, esperanzas y proyectos, que por la fuerza del Espíritu Santo, los comprometan a hacer la revolución del amor, que no será fácil, pero tampoco imposible si la confianza la colocamos en Dios.

 

 

 

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